Últimos temas
» Censo Septiembre-Octubre 2018
Jue Sep 20, 2018 7:40 pm por Jin Pakpao

» Fuego verde de verano (Pyralis)
Sáb Sep 15, 2018 8:08 pm por Jin Pakpao

» Lycoris]
Vie Sep 07, 2018 8:28 pm por Arlock

» Alënthe [Afiliación Élite]
Jue Sep 06, 2018 5:49 pm por Invitado

» Yokohama: Gods and Kings - Afiliación Normal
Jue Sep 06, 2018 3:26 pm por Invitado

» Firmas
Mar Sep 04, 2018 3:10 am por Xiang Li

» Registro para la SPP
Mar Ago 28, 2018 6:37 pm por Sirius A.

» Listado de eventos/tramas.
Mar Ago 28, 2018 2:42 am por Abdiel Wilmer

» Registro de físicos ocupados {Renovado}
Sáb Ago 25, 2018 11:51 pm por Sirius A.


Ficha de Zain

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

Ficha de Zain

Mensaje por Zain Sherog el Miér Mayo 11, 2016 12:58 am

Apodo:
 -
Nombre/Apellidos:
Zain Sherog
Edad:
29 años (reales) | 17 años (aparentes)
Raza:
Dragón (Subtipo: Salamanquesa)
Nacionalidad:
Italiana
Fertilidad:
Nula
Profesión:
Notario
C.Sexual:
Suke

{D E S C R I P C I O N E S}

D. Física:


Mantiene la apariencia de un joven de mucha menos edad de la que posee, ello junto a un aire de una persona floja e inofensiva, ocultando bastante bien su verdadera naturaleza. Sus capacidades son bastante altas, rapidez y fuerza están bastante bien niveladas, aunque no suele mostrar el potencial completo de las mismas, pues no lo ve necesario sin una buena razón.

Pelirrojo, de cabellos cortos y lisos, si bien algo desordenados, la longitud de su pelo le impide que se muestren exageradamente despeinados. De piel clara, lisa y mayormente sin imperfecciones más allá que varias escamas recorriendo su rostro y cuerpo. Unos ojos dorados, cuya pupila puede mostrarse vertical como señal inequívoca de su raza, de mirada tranquila y desinteresada, con un cierto toque de malicia y peligrosidad oculta en ellos. Dentadura impecable, apenas poseyendo unos colmillos que sobresalen ligeramente del resto. Una lengua que se mantiene normal la mayor parte del tiempo, pero que puede volverse bífida y fina. Un olfato suficiente desarrollado como para captar el aroma de una presa con relativa facilidad, gustando de usar no sólo su nariz, sino también su boca para olfatear.

De altura más bien baja debido a su apariencia, aunque no parece demasiado agobiado por ello, ya que siente que a pesar de su estatura, sus capacidades no se ven reducidas con la misma. Ropas cómodas, con cierto toque formal, pero conservando un cierto deje de rebeldía al estar desarregladas.

D. Psicológica:
 

Quienes lo ven por primera vez pueden llegar a creer que busca meterse con los demás a posta, pero simplemente es que se pasa de sincero. Sus comentarios pueden ser ofensivos, sin embargo, carecen de malicia. Pero no solo se la vive criticando a la gente, si tienes algún rasgo o actitud en especial que sea de su agrado, no dudará en decírtelo de forma directa y sin rodeos, desgraciadamente, quizá lo que para él es: “digno de mencionar y alagar”, para ti es algo que preferirías que no te lo recordaran.

Aun así, no es alguien que se burle de la gente intencionadamente, tampoco busca molestarlos en exceso, con una pequeña broma se basta. Y aunque es raro que se percaté de que está siendo un incordio –incluso aunque se lo digan hasta con un cartel de neón señalando hacía él-, si se llega a dar el caso, no dudará en medir sus palabras en todo lo que le sea posible, o incluso, concederle a dicha persona su rato de paz. Sería muy desagradable llevarse un golpe de alguien que le agrada.

A pesar de los problemas que pueda ocasionarle su actitud, no es alguien a quien le cueste relacionarse, intenta ser animado y conocer a gente nueva, sea porque le causan curiosidad, tienen algo que quiera –generalmente comida- o simplemente porque le caen bien. Pero no siempre la cosa sale bien, y aunque usualmente evita usar la violencia salvo que sea estrictamente necesario, si le agotan su paciencia –que puede parecerlo, pero no es infinita- y tras el primer aviso siguen incordiando, pues... Un buen golpe dado a tiempo para que se lo devuelvan después y ahí acabó la cosa, ya que aunque quieran darle más golpes aparte del primero, no podrán, o así tratara de que sea, puesto que se irá por su lado si les ve con esa intención.

Aunque puede mostrarse de varias formas, es muy raro que se enfade y en caso de que lo haga, tratará de ocultarlo y no dejarse llevar por la ira. Las peleas con el duran poco, por no decir que no duran, como anteriormente se dijo, un golpe por cada parte involucrada y se acabó. Tampoco es usual verlo sonreír, puede hacer el amago de hacerlo, pero finalmente no dará el lujo de que se vea, aunque eso no significa que nunca lo haga, pues hay casos especiales. Simplemente cree que solo debe sonreír a una persona a la cual le tenga especial apreció, por ello, prefiere sustituir esta por un gesto de ternura o cariño –como una caricia-, o mostrar una expresión afable sin llegar a hacerlo. Abrazar no entra expresamente en un gesto de cariño, aunque no se puede negar que en ocasiones lo haga como tal, normalmente si abraza a alguien o algo, es para que le proporcione calor.

No soporta que se metan con gente que aprecia, puede pasarlo una vez, pues comprende que el contrario desconoce que pudo haberlo molestado, pero si bien avisará a la segunda, no permitirá que suceda una tercera vez sin una sanción. De forma excepcional, si el susodicho del que se habla está delante, puede pasar de largo la ofensa, pues cree que le corresponde a este quejarse, aunque tampoco en exceso, ya que siempre hay una cantidad que roza el límite y lo hace saltar.

Cuando sus sentimientos no son solo de aprecio hacía alguien, sino que también hay algo más, toda su forma de ser anterior se desmorona por completo. Desea complacer a dicha persona, agradarle en todo lo posible, y por tanto a veces si piensa bastante más sus palabras antes de decirlas, incluso llegando a mantenerse en silencio largo rato y solo responder con gestos o por medio de la expresión, por miedo a decir algo desagradable. Pero también puede ocurrir lo contrario, hablar más de lo que lo hacía antes para poder llamar su atención, costándole mantenerse en silencio o quieto en un mismo sitio mucho tiempo.

Un dato curioso es que come demasiado, incluso sin hambre, lo único que importa es que la comida luzca  apetitosa, jugosa o simplemente su olor lo cautive, y cualquiera cosa sirve como  comida mientras sea comestible –o aparente serlo- . Podría decirse que come de todo, o casi, solo tiene que tener una buena presentación –y a poder ser un buen sabor, sino no repetirá- . Hará todo lo que esté en su mano para conseguir ese alimento que haya despertado apetito en él, incluso ofreciendo algo que pueda serle dañino. Cuando esta esté sin nadie vigilando, no será raro que la tome sin preguntar, después de todo la comida está hecha para ser comida, pero la cosa cambia cuando tiene un dueño, o el mismo dueño es la comida. Por muchas ganas que tenga de probarla no se atreverá siquiera a tocarla sin permiso, puede que si olisquearla, pero de ahí no pasará.

No es alguien que soporte mucho el frío, ni tampoco los días demasiado calurosos, pues aún queda en él esa parte de lagarto que le obliga a desear regular su temperatura. Por ello no será raro que no toque cosas frías o incluso las evite, salvo cuando busque conseguir comida, después de todo ¿Quién va a decirle no a un helado?  Con el calor en exceso sucede algo parecido, evitarlo cuando este muy caliente, pero... Bueno, si estás robando cogiendo una comida desatendida que se han dejado en el fuego, o actúas rápido o su dueño aparecerá y tendrás que pedírselo amablemente, corriendo el riesgo de que te dedique una negativa.

Por otro lado, su carácter llega a cambiar drásticamente a causa del hambre.

Dos formas de ser, una, humana, la otra, bestia.

El hambre delimita los límites de ambas. Cuando está saciado, la humana puede proceder con tranquilidad, mostrándose tal y como se ha explicado, pero cuando el apetito aparece es cuando la más animal empieza a mover fichas y a obtener el control. Guiado por el hambre y unos aires de prepotencia, no dudará en apartar de su camino a cualquier ser que intente interponerse entre él y su comida, a veces elegida con cuidado, a veces elegida al azar, incluso cabe la posibilidad de que desee comerlo absolutamente todo. En estos casos es un peligro, pues no distinguirá qué o quién se llevará a la boca, tampoco si está bien o mal cocinado, vivo o muerto.


Historia:



Zain apenas recuerda sus días como un pequeño dragón encarcelado junto a muchos como él, esperando que algún adinerado cliente que deseara comprarlos. Por suerte, fue adoptado poco después de que terminara de tomar forma humana cuando cumplió un año. Las personas que lo compraron lo trataron como si fuera su hijo, más que la compra de una mascota parecía la adopción de un niño, y así se falsificó en los documentos pertinentes al réptil. Tenía unos rasgos curiosos y era difícil evitar que no se dejara llevar por su instinto los primeros días, pero poco a poco, con la educación que le fueron dando, se comenzó a comportar más como un niño humano y también parecerse a uno, pues las escamas con el tiempo fueron menguando y, aunque aún en día tiene unas cuantas que son visibles en él, esperan que con unos años más, terminen por desaparecer. Por otro lado, sus ojos tardaron bastante más en cambiar y continuaron teniendo aquel toque que lo asemejaba a un réptil, haciendo imposible que llegaran a parecerse verdaderamente a los de un humano, conservando, además, la pupila vertical de los mismos.

Mientras duraron los primeros cambios, decidieron mudarse a un pequeño pueblo al sur de Italia, para poder dejarlo salir y relacionarse con otros niños de su edad. Aunque no fue a la escuela los primeros años, prefirieron que estudiara en casa con ayuda de profesores particulares, al menos, hasta que estuvieran seguros de que no fuera una verdadera amenaza para los otros niños durante una clase. Pues su voraz apetito fue evidente desde temprano, llegando un momento en que no diferenciaba que estaba bien comer y que no, y aunque nunca llegó a atacar a sus padres, si parecía tener ganas de atacar y devorar a otros humanos.

Finalmente comprendió la diferencia entre lo que podía comer y lo que no, quizá con alguna que otra duda, pero no era ya un peligro, pues pediría siempre permiso y, si veía que la comida que pedía sorprendía a terceros, solo tendría que tratar de hacerlo pasar por una broma. A los diez años pudo ir a la escuela, hizo bastantes amigos, enemigos también, agraciadamente salvo ignorarse mutuamente no es que hicieran mucho más. Si eso, de vez en cuando, protagonizaban una breve pelea que siempre acababa inconclusa debido a la manía de Zain de permitir un solo golpe por atacante.

En resumen, su vida fue generalmente pacífica, al menos, hasta la adolescencia. Llegada esta, el hambre del réptil empeoró y sus antiguas “costumbres” e instinto como animal volvieron a aflorar. Comenzó a serle difícil estar con sus amigos, pues su sentido del olfato mejoró y podía captar el delicioso aroma que emanaba de sus cuerpos. En alguna ocasión incluso llegó a atacarlos y, aunque por suerte lograban contenerlo antes de que hiciera un verdadero daño, su actitud despertaba sospechas,  que solo podía excusar con invenciones, tratando de no dar demasiados detalles del porqué. Pero no pensaba permitirse llegar a hacerles un verdadero daño a los que apreciaba. Buscó diferentes formas de mantener a raya su apetito, acabó siendo la de saciarse más de la cuenta la más factible. Así que siempre se aseguraba de tener a mano comida para alimentarse, y, a pesar de sentirse lleno, continuaba comiendo hasta que no soportaba dar un bocado más. También llegó a vérsele con bozal. Este le permitía darse el lujo de comer con cautela, pero le complicaba el abrir demasiado la boca. Y, aunque estas medidas funcionaron y lograron mitigar bastante su “extraño” comportamiento, siempre había la posibilidad de que todo se fastidiara por un pequeño descuido.

Por suerte, ese descuido tardó mucho en suceder, pero cuando lo hizo, fue a lo grande.

Habían llegado unos nuevos vecinos a aquel pueblecito, y su familia como muchas otras que allí residían, no tardaron en ir a pasarse a saludar. Así fue como Zain conoció a Shinobu, también a su primo y tío, todos tenían un aroma especial, diferente a cualquier otro que hubiese conocido, incluso, Shinobu tenía un aroma un tanto parecido a él, pero le faltaba algo… Aroma a humano. La salamanquesa apenas se percataba del propio, tan acostumbrado al mismo, creyó que sería su imaginación el que no tuviera aquel toque que el resto si tenía. Pero tras conocer a aquella familia, comprendió que ellos no eran humanos, y por tanto, él tampoco.

Ese interés que despertó en él, llegó a volverse una obsesión. Pero eso no parecía importarle a su nuevo amigo, quien estaba encantado de tenerle a su lado, con el tiempo se fueron conociendo y llevándose cada ver mejor, siendo raro ver a uno de ellos solo, sabiendo entonces que seguramente se habrían peleado, aunque él enfado entre ellos apenas duraba, a veces en el mismo día se reconciliaban.

Y, al fin, dos años después de conocerse, llegó el día que tanto esperó, que aquella persona le desvelara que era en realidad... “Un réptil, como tú” respondió un poco nervioso, esperando ver aprobación en los ojos de su camarada, pero lo que encontró fue miedo y duda. Zain supo desde el día que lo conoció que el mismo no era humano, al menos no al completo, pero tenía la vaga esperanza de serlo aunque fuera un poco. Pero con aquella confesión, todo se desmoronó. Sin responder salió corriendo de allí, volviendo a su casa, una vez allí, se plantó frente a sus padres y les hizo una pregunta de la que no quería saber la respuesta. Si no eran sus padres… ¿Quiénes eran en realidad?

No le gustó mucho la verdad. Comprado como un vulgar animal, una adopción normal hubiera dolido menos, pero intentó no tomárselo a mal, con calma, aquellos seres habían desempeñado muy bien el papel de padres, hasta aquel día no hubiera dudado ningún momento de ello, a pesar de las diferencias, de que a veces no llegaba a encajar… Finalmente, decidió no dudar. Aquella gente le crío, lo cuido y amó. Aquella gente, eran sus padres. Si bien algo se rompió en él, no lo demostró ante ellos, lo ocultó bajo una máscara de calma y comprensión, pero eso sólo permitió que  eso saliera a la luz.

Perdió el hambre y descuidó sus comidas. Fue error que desató la catástrofe. Debería estar saciado, lleno, que su cuerpo le pidiera vomitar ese nuevo alimento que hubiera ingerido, sólo así estaría completamente seguro que la bestia se mantendría dormida. Pero, al no hacerlo, le permitió despertar, lentamente, de manera que no pudiera notar su presencia, esperando el momento adecuado para actuar.

Y llegó. Estaba con sus amigos en una escapada al monte. Iban divertirse, reír y hacer trastadas. Solos. El momento ideal. A la noche, poco antes de comer, cuando estaban cansados y el ajetreo del día se había apoderado de ellos y de su anfitrión. Atacó. Debería haber sido una masacre, silenciosa o no, pero… Agraciadamente, no fue así. Hubo daños, sí, suficiente severos como para mandarlos al hospital, mas no para matarlos. Todo gracias a que él estaba allí. Shinobu. Alguien como él que comprendía, no al cien por cien,  un poco su hambre, además de su cariño por aquellos compañeros cuya amistad no compartía, pero entendía la del pelirrojo hacía ellos, así que, sin dudarlo, lo detuvo. Recibió daños, más que el resto, pero no atacó al contrario. Permitió que lo destrozara. Que lo devorara para saciar aquella hambre que se hallaba en él. Para así dormir a la bestia. Gracias a él, no hubo una catástrofe que contar.

Desgraciadamente, perdió muchos amigos aquel día, había muchas bocas que callar, pero no lo hizo. Dejó que hablaran de él, permitió que los rumores se extendieran, mutaran, crecieran hasta convertirlo en un monstruo sin escrúpulos, una mantis, una viuda negra que esperaba el momento ideal para acabar con la vida de sus amigos. En parte, fue doloroso. Ver como las miradas que le dirigían a él, cambiaban, como aquellos que quiso ahora le miraban con miedo, aunque quisieran evitarlo, siempre estaba allí aquella sensación de angustia que contaminaba sus sonrisas. Pero pudo soportarlo, porque reinaba la ausencia de todo aquello en las emociones de quienes más importaban. Su familia. Su mejor amigo.

Finalmente, tuvo que huir. Lo peligroso es destruido y él iba por ese camino. Tuvo que mudarse, lejos, donde nadie le conociera, donde pudiera empezar de cero. No pudo llevarse a su amigo consigo y fue una perdida que dolió, pero esperaba que algún día, pudieran volver a reencontrarse.

Se mudaron a Kyuushu, allí continuó creciendo y adquiriendo conocimientos. No fue difícil, Zain era, sinceramente, un prodigio. Si bien, algo perezoso y con un ego que a veces sobresalía malamente, no era falsamente infundado, pues su capacidades corroboraban que era nada más y nada menos que un Genio. Estudió medicina veterinaria, pero tras infructuosos intentos en el cuidado de estos animales, tuvo que dejar dicha vocación. El hambre era cada vez más incontrolable y tratar de comerse, dañando por tanto, a aquellos seres que intentaba curar, no era algo que deseara.

Esta vez, estudió para notario. Agraciadamente, gracias a un gran esfuerzo, pudo lograrlo sin demasiados obstáculos. Ese mismo año, fue cuando él apareció.

Zain ya se había mudado a otro apartamento, independizándose de sus padres, pero manteniendo un constante contacto con ellos. Hacía poco que estaba desempeñando sus nuevas funciones, un poco nervioso por hacerlo mal, pero a la vez con esa emoción por la primera vez. Esta vez, no podía cometer errores.

Se encontraba paseando por su casa, tomándose un merecido descanso, cuando sonó el timbre. Desconcertado, descolgó el telefonillo y preguntó. En el instante en que escuchó su voz supo quién era. No dijo nada, tan sólo presionó el botón del portero automático y espero a que él subiera. La alegría lo inundaba, pero pocos movimientos o acciones suyas lo demostraron, lo trató con algo de frialdad, escondiendo bajo toscos movimientos el cariño que poseía hacía él. Agradecía que, por en cambio, el contrario sí dejara de lado su forma de ser usual. Cariñoso hasta aburrir, mimoso, permitiendo que la alegría y la emoción guiaran sus actos, que los volvieran irracionales, que no se separara de él por mucha queja que soltara. Zain estaba feliz, pero, a la vez, furioso. Shinobu, ahora era uno de ellos. Una presa más del mercado negro, esperando por la compra de algún idiota que deseara tenerlo como mascota. Aquello le hacía hervir la sangre, pero trató de que su molestia no afectara al amor que tenía por él. Se ofreció a sacarlo de allí, a pesar, de que al hacerlo, seguramente cambiara por completo la relación entre ambos. Su compañero pareció comprenderlo y se lo impidió.

Durante los años siguientes, la casa de Zain fue el refugio de Shinobu. Escapando de sus captores, buscaba trabajos, cualquiera, la mayoría de mala reputación, algunos mal pagados, otros, bajo condiciones insalubres. Pero continuaba por aquel camino. Zain varias veces tuvo que intervenir, deseaba marcar como suyo aquel joven, pero no podía, sabía que su relación era de amigos y nada más, se la grabó a fuego en la mente y nunca osó tocarlo de otra intención. Lo amó y protegió, lo dejaría libre, permitiendo que otro se le adelantara, pero no que lo alejara de su lado.

Y, finalmente, ese día llegó. Zain pudo ver como aquel hombre se ganaba el corazón de su ser más querido. El día en que renunció por completo a él. Poco después, Shinobu compró su libertad y se fue con aquel ser. Intentó mantener el contacto con él y Zain lo permitió, el dolor pronto comenzó a menguar, pero no desapareció, aunque se hizo más llevadero. Las marcas que comenzaban a aparecer en el cuerpo de su amigo dejaron de afectarlo hasta el punto de que llegar al descontrol.

Pero no siempre las cosas salen bien. Y la relación de aquellos dos, terminó. Zain lo vio como una oportunidad, hacerlo suyo y no permitir que nadie más se lo robase. Pero decidió no dejarse llevar y abandonó la idea. Le brindó su mano y ayuda. Se hizo cargo de él, lo llevó a su casa y le dio un nuevo lugar al que llamar hogar. No tenía pensado monopolizarlo, mantendría su promesa de dejarle su libertad, continuaría matando a aquel sentimiento hacía él, mas nunca permitiría que alguien lo apartara de su lado, y esta vez, lo obligó a quedarse en su casa.

Actualmente vive con su mejor amigo en un apartamento cerca del centro. No parece demasiado interesado en pets, pero no descarta conseguir uno por mera curiosidad.


{E X T R A S}


Gustos:


-Comer.
-La comida recién hecha.
-Ver a otros comer.
-La gente con mucha paciencia.
-Que lo abracen, sobretodo cuando tiene frío.
-Los reptiles.
-Que lo coman(?).


Disgustos:


-Que no le dejen comer.
-La comida podrida -aunque no niega que puede llegar a comerla-.
-El hambre.
-Que lo golpeen.
-Que se metan con alguien que aprecia.
-La oscuridad.
-Que lo crean una mascota.

Hobbies y manías:

Información extra:

-La mayor parte de su vida creyó que era un humano.

-Aunque sabe que es un lagarto (dragón), prefiere que se refieran a él como humano.

-No suele ver a los pets con buenos ojos, los ve como seres que sólo esperan ser comprados y obedecer las órdenes de alguien, viéndolos como inútiles que sólo pueden servir a otros. Aunque intenta cambiar un poco su opinión sobre ellos.

-Su temperatura corporal es algo más baja que la de un humano, pero, por suerte, esta si puede regularse a diferencia de cuando mantenía su forma de dragón.

-Conserva algunas escamas por su cuerpo, aun así, la mayoría no están en lugares vistosos y puede ocultarlas bajo la ropa. Lo que sí es más evidente y no puede ocultar son sus ojos, los cuales mantienen una pupila vertical.

-Tiene la costumbre de intentar olfatear con la boca.

-Si le haces algo, espérate que te lo haga de vuelta. Si te hace algo, puedes hacérselo de vuelta –o pedir o hacer algo que pueda compensarlo-.

-Prefiere mantener una permanente sensación de saciedad, ya que, en caso de tener hambre comienza a perder los estribos. Debe comer antes de siquiera tener apetito, debido a que cuanto más tiempo dure el mismo, más probabilidades hay de que la sensación de saciedad dure menos.

-A veces se le puede ver con bozal.

-A pesar de la desmesurada cantidad de alimentos que toma, no parece engordar.


Campo Obligatorio

♂Físico

Nombre del Anime/Manga/Videojuego del que procede:
Assassination Classroom
 
Nombre real:
Karma Akabane
Imagen:

Spoiler:





Volver arriba Ir abajo

Re: Ficha de Zain

Mensaje por Marek Lundgren el Miér Mayo 11, 2016 1:11 am

Ficha aceptada

No se te olvide realizar los registros correspondientes.

Volver arriba Ir abajo

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba

- Temas similares

Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.