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Kai Seyder

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Kai Seyder

Mensaje por Kai Seyder el Dom Mar 06, 2016 5:24 pm

• Apodo:


• Nombre/Apellidos:
Kai Seyder

• Edad:
23 años |Aparentes|

• Raza:
Dragón

• Nacionalidad:
Irlandés

• Fertilidad:
Infértil

• Profesión:
Mecánico |Villano en horas libres|

• C. Sexual:
Uke



{D E S C R I P C I O N E S}


• D. Física:

Es poseedor de un par de ojos de color dorado, capaces de brillar –y ver- en la oscuridad, denotando así la posición de este ser tan variopinto. Alguien de cabellos azules, pero tan oscuros que pueden pasar por negros, la longitud de los mismos los hace llegar hasta poco más abajo de los hombros. Los lleva sueltos la mayor parte del tiempo, sin importarle el aspecto tan desaliñado que presentan al no molestarse en arreglarlos y, aun así, pueden apreciarse diferentes tipos de peinados- aunque bastante escasos- según la proporción de los mechones. Suele llevar sombra de ojos acompañada de algunos dibujos alrededor de esta.  

Aunque Kai no sea precisamente bajo, su altura no le hace resaltar e incluso puede restarle más años de los que tiene, por suerte, esto no parece molestar al dragón, salvo cuando tiene que usar alguna escalera para llegar hasta un objeto situado a una altura lejos de su alcance. Por otro lado, su musculatura es escasa, más bien ausente, se acerca a eso que la gente conoce como en los huesos sin llegar a tal extremo, pero tampoco es un problema, pues esto no impide que su fuerza sea muy superior a la media. Además, su piel posee una dureza digna de los de su raza, resistente y casi impenetrable, mas hay una zona que carece de esta protección, y es la del corazón, un golpe ahí, y puede darse por muerto, o bueno… podía, porque ya lo está. Esto se ve perfectamente en la tonalidad que adquiere su piel ante un daño de tal calibre: gris ceniza.



• D. Psicológica:

Es el malo extravagante que prefieres no toparte. No tiene planes de dominación mundial, ni siquiera respecto al país, tampoco va a tener esbirros inútiles para hacerle el trabajo, porque así no trabaja él. De la misma forma que se puede ser bueno sin hacer grandes hazañas, también se puede ser malo, pero tampoco está de más hacerlo a lo grande si tienes ocasión.

Malhablado, su vocabulario puede estar, o no, lleno de diferentes tipos de insultos y blasfemias, pero lo que en verdad lo convierte en este tipo de seres, es su poco tacto y falta de modales a la hora de dirigirse a otra persona. Habla sin pensar y responde sin que le pregunten, llega a ser irritante y en caso de lograr sacar a alguien de sus casillas, solo se reirá, aunque quizá también se burle de ese tercero, o incluso busque humillarlo. Todo depende del humor de este ente, el cual, varía mucho. Sus actos siguen el mismo camino, son torpes y también malintencionados, no es alguien que te dé una tarta, a no ser que te la vaya a estampar en la cara, claro. Sus regalos son macabros, buscando la decepción y el enfado más que una simple palabra de agradecimiento, es más, odia los agradecimientos. Si por algún casual ha hecho algo bien, algo por lo que merece la pena darle las gracias. Cállate. No se las des, porque entonces, va a poner todo su empeño en destrozar esa vana ilusión de bondad que haya mostrado, así tenga que destrozarte a ti, a tu familia, a tus amigos, o a la ciudad entera para erradicar cualquier rastro de esas palabras.

Aunque también puede ser soportable, ya que, quiera o no, necesita relacionarse con otros por su negocio, pero no por ello dejará de ser él. Si no fuera por su trabajo, rápido y eficaz, seguramente se quedaría sin clientela fácilmente. En cualquier caso, si buscas pelea con él, intenta que no sea en su taller, pues tiene a mano diferentes utensilios con los que torturar a los indeseables, y no le va a importar que haya espectadores, porque le encanta nombrar voluntarios que se unan a la función. Si intentan devolvérsela, es mejor que no sea por medio del dolor, porque como ya se dijo anteriormente, carece de este, al menos el físico, tampoco le importa mucho el daño que reciba su cuerpo, no está muy encariñado con él debido su torpeza. Además, le divierte jugar el mismo con este, nadie mejor que él para conocer sus debilidades, para explotarlas al máximo y demacrar todavía más ese cuerpo que alguna vez albergó vida. Se regenera, así que, poco importa.

Por si no quedó claro, no se debe buscar bondad en él, porque encontraras lo contrario. No tiene ni amigos, ni aliados, solo gente a quién deja vivir un día más, así de egocéntrico es él, cree que puede borrar del mapa y desterrar a la ausencia la existencia de cualquier ser que desee. Por ello, solo son peones a los que puede usar si juega bien sus cartas, pero en caso de que las cosas no salgan como quiere, siempre puede recurrir a las trampas. No es el bueno, así que no le importa ir por un camino diferente al de la legitimidad. Asesinatos, amenazas, extorsiones, secuestros… Todo vale. Por cierto, también puedes devolvérsela de la misma manera, no te lo tendrá en cuenta, siempre y cuando no falles ni dejes rastro, porque no dudará en matarte en cuanto tenga oportunidad. Sin rencores, el juego es así.

Pero de la misma forma que puede hacer planes tan enrevesados para lograr sus objetivos, también tiene la improvisación, algo a lo que adora recurrir casi siempre, incluso llega a destrozar los propios planes si quiere intentar algo. Qué más da que mande todo al garete, ya irá atando cabos sobre la marcha, aunque tenga que hacerlo con superglue. Las consecuencias no le dan miedo. Ciertamente, pocas cosas le dan miedo. La muerte está lejos de ser una de ellas, poseyendo una especie de inmortalidad es como amenazarle con un imposible. La tortura física… No. Si tú intención es matarlo de aburrimiento, adelante. ¿Las pesadillas? Solo una entretención más, no hay nada más divertido que tu cerebro intentando asustarte. ¿El daño a seres queridos, quizá? Me temo que, en primer lugar, tendría que tenerlos, cosa que no busca ni le dura mucho. Y no nos confundamos, no es así para proteger a nadie, es así porque le da la gana. Dejémoslo en que no tiene miedo a nada conocido, por el momento.

Es fácil deducir que alguien como él traicione y así lo hará. Las promesas y la lealtad carecen de significado, en cuanto dejes de ser útil no tendrá reparos en darte la puñalada por la espalda. Así que, en caso de que busques permanecer a su lado, intenta ser necesario, nunca convertirte en algo prescindible, ni tampoco querido, no le gustan las cosas agradables, lo ve como algo cursi y vomitivo. No. Tienes que ser como un vicio, que tu ausencia le causa tal mal estar que ni piense siquiera en matarte, de lo contrario, será fácil reemplazarte en cuanto encuentre algo mejor.


• Historia:

Kai era un dragón poseedor de un gran tesoro, el cual custodiaba con gran tesón, más no con fiereza, un humano podía pasarse por su cueva que, mientras no tratara de robarle, no le haría nada. Pero aquellos pequeños seres eran codiciosos, buscaban no solo arrebatarle sus riquezas, sino también matarlo. Creían que bañándose en su sangre lograrían que su piel fuera tan resistente como la coraza de aquel réptil, desgraciadamente, este no les iba a dejar comprobar si era cierto o, por en cambio, se trataba de una leyenda mal contada. Él solo deseaba proteger lo propio, dejarlo ajeno a las sucias manos de los ladrones y asesinos.

Un día, apareció un joven frente a su cueva, sólo buscaba cobijo, así que Kai le dejó quedarse hasta que amainara la tormenta que había fuera. Incluso, como buen anfitrión, le ofreció comida y encendió una hoguera para que pudiera entrar en calor. Lo único que pidió a cambio, era que no se llevara nada de lo que había allí. Y su invitado, no lo hizo. Cuando el temporal amainó, se despidió de aquel dragón y volvió a su ciudad.

No volvió a saber nada más de aquel joven hasta que, dos meses más tarde, regresó a su cueva. Sus ropas se habían vuelto harapos, su estado tampoco era el mejor: ensangrentado y herido. Lo advirtió de que la aldea donde residía había descubierto su escondrijo y planeaban darle caza. Agradecido por el esfuerzo de ponerse en peligro para avisarlo, trató sus heridas y lo dejó reposando en un rincón de la cueva, luego salió afuera a hacer su trabajo.

Como se esperaba, no era un grupo pequeño. Le darían problemas, pero él contaba con una piel recubierta de escamas casi impenetrables y ellos eran simples humanos, las armas que cargaban se romperían antes de lograr atravesar su coraza. Pero desgraciadamente, conocían su punto débil y siempre apuntaban al mismo lugar, su corazón, así que, a pesar de la ventaja que poseía sobre ellos, esta se esfumó cuando tuvo que pasar la mayor parte de la pelea, tratando de proteger aquella zona tan delicada. La lucha duró cerca de un día y medio, que fue cuando dio muerte al último de aquellos guerreros.

Cansado, volvió al interior de su cueva, revisó el estado de su invitado y tras ver que estaba fuera de peligro, se dispuso a dormir. No supo cuánto tiempo fue, pero cuando abrió los ojos, su amigo había desaparecido y en el lugar donde debería estar, había signos de lucha junto a otro montón de sangre, también desapareció parte de su tesoro. No tuvo que pensar demasiado para saber que los del pueblo no se habían rendido y habían aprovechado su letargo para robarle, además de llevarse a su camarada con ellos, quizá para darle algún castigo por su traición.

Kai prefirió no malgastar el tiempo en pensar un plan, cuanto más tardara en rescatar a su amigo, más probabilidades había de encontrárselo muerto. Por suerte, no tuvo que rebanarse los sesos para descubrir el paradero de aquella aldea, la sangre impregnaba el camino y, aunque trataron de ocultarla, su olor era suficiente fuerte para que el dragón no tuviera problemas en seguir el rastro. Aunque cuando llegó, no se presentó en su forma de réptil, pues eso llamaría bastante la atención, más bien, se vio como un muchacho de apenas veinte y pico años, vistiendo las ropas de los hombres que mató, pero esperaba que no repararan suficiente en él para percatarse de ello.

Recorrió la ciudad tratando de no llamar la atención, preguntaba muy poco y de forma poco concisa, esto hacía que recibiera respuestas poco esclarecedoras, pero era lo que tenía que soportar. Si un forastero como él entraba en la ciudad preguntando directamente el paradero de un traidor, sabiendo de sobra lo ocurrido y teniendo que dar explicaciones de por qué lo iba a buscar, no tardarían en relacionarlo positivamente con él y podrían acabar atacándolo. Finalmente, tras un par de horas y muchas preguntas más, logró descubrir su paradero, estaba encerrado en un calabozo cerca del establo.

Al entrar, tuvo suerte de que el guardia había salido y el prisionero se encontraba solo. Al principio, su amigo no lo reconoció, pero cuando le dijo su nombre, vio en sus ojos la sorpresa y el alivio que este dato le causó. Se dispuso a buscar las llaves y, agraciadamente, las encontró en el último cajón de una mesita que había encaramada a la pared. Las tomó y abrió la celda, adentrándose en la misma para ir a por su amigo. Su estado era bastante precario, había perdido bastante sangre y apenas podía mantenerse en pie, pero la voz de este le tranquilizaba diciéndole que todo estaba bien y que no debía preocuparse, que pronto mejoraría. Y no mentía. Cuando se acercó a su cámarada para cargarlo y sacarlo de allí, tras el cálido contacto de ambos cuerpos, precedió a sentir el frío del filo de un arma atravesar su piel, incrustándose en su pecho hasta llegar al corazón. Por un momento no supo que estaba sucediendo, pero una risa estridente lo sacó de su ensimismamiento, y unas palabras le hicieron caer en la traición que había sufrido: “Pobre iluso.

Y entonces, procedió a relatarle brevemente la verdad detrás de sus actos. Provocando que el odio de la traición corroyera su ya destrozado corazón, convirtiendo toda bondad que alguna vez albergo, en oscuridad. En su último suspiró, atravesó con su garra el pecho de su contrario, iba a morir, pero se lo llevaría consigo.

Y así, señoras y señores, es como morimos Kai y yo, sí, yo. ¿Acaso creíais que esa historia tan patética era la mía? Por favor… Os contaré un secreto, yo soy ese amigo cuyo nombre desconocéis.

Aclaremos un par de cosas. Primero, la única razón por la que no robé en su cueva desde el principio, es porque su oro no me interesaba en lo más mínimo, yo buscaba otra cosa, pero tendréis que esperar para averiguarlo. Segundo, las heridas me las hice yo, además de hacer creer a los aldeanos que fue ese dragón quién me tenía secuestrado ¿Su tesoro? Ni siquiera sabían de él, esos tontos murieron buscando salvarme de las garras de ese monstruo, que pena que no se les daba el dialogo, o me hubieran descubierto.

¿No era extraño que el supuesto jaleo que se debió montar con el secuestro no lo despertara? Simple, porque no hubo ningún tercero que me llevara contra mi voluntad, yo solito me fui. Aunque, claro, para que fuera creíble hubo que derramar más sangre, destrozar un poco el lugar, y hacer como si quisieran ocultar el camino de mi ida. Al llegar a la ciudad, admití mi crimen, que me había compinchado con el dragón para matar a los guerreros de la aldea, incluso les mostré el oro, mintiendo al decir que me pagó por ello. Supongo que pensaron que enloquecí después de mi traición al pueblo, porque era demasiado obvio que me iban a encarcelar para después matarme.

Pero yo no tenía miedo, porque sabía que mi buen y estúpido amigo, vendría a rescatarme. En realidad, creía que iba a hacerlo a lo grande, mostrándose en su forma dragón y arrasando con la aldea, pero… ¿Quién iba a decir que se iba a presentar así? En su forma humana. Dios… Fue una sorpresa ¡Y qué alivio! No tendría que pensar después cómo lo mataría, porque lo haría en aquel momento.  

Pero ahora toca saber ¿Por qué? Era un buen amigo, seguramente cuidaría de mí y, quizá, gastara sus riquezas en ayudarme, además, debería haber deducido que podría matarme también. ¿De verdad soy tan idiota? Pues bueno, aquí tenéis la respuesta.


Pero fue en vano, aquel ser lo tenía todo bien planeado.

Hace diez años, un pequeño niño de siete años encontró una lámpara. Y no una cualquiera, en ella, habitaba un ser diferente, bastante peculiar, un genio Djinn. Este le prometió tres deseos a cambio de su alma, pero el pequeño se negó, mas sí quería los deseos. Así que, le ofreció otra cosa, algo más provechoso, el alma de un dragón. Aunque claro, para lograr algo tan complicado, necesitaba que le concediera dos deseos por adelantado, el tercero se lo daría cuando él hiciera su pago. Era un trato bastante peligroso, así que le pidió una fianza, si no lograba pagarle con el alma de un dragón antes de su muerte, se llevaría su alma por el módico precio de dos deseos, el pequeño aceptó y el trato se zanjó.

El primer deseo fue la inmortalidad, el impedimento de morir por el paso del tiempo, ni tampoco por cualquier herida que se le causara. Y así fue, pero como todo deseo que haga un Djinn, nunca lo hace bien, así que, sí, le concedió su deseada inmortalidad, mas no completa, solo tendría que ser asesinado por un Shinigami para que ni su deseo lo protegiera de la muerte.

Pero de nada sirve la inmortalidad si las heridas permanecen. Su segundo deseo fue una gran capacidad de regeneración, aquella que pudiera curar cualquier daño sin importar la gravedad del mismo, a continuación, vino la letra pequeña. Su regeneración sería asombrosa, pero no rápida, si bien, tendría una velocidad media, cuanto más grave fuera, esta tardaría más en curar.

Dos deseos fueron concedidos, quedaba uno.

Durante años, este pequeño ser, buscó de forma incansable el paradero de un dragón, uno al que matar para poder arrebatar su alma del calor de su cuerpo. Y finalmente, a sus dieciséis años, lo encontró. Pero no iba a presentarse a lo tonto allí, sin un plan, sin conocer a su enemigo y estar seguro de que no trataría de devorarlo. Sin duda, le tocó el premio gordo, aquel ser era inofensivo y además bondadoso. Durante un año trazó su plan y lo fue llevando a cabo, asentarse en una ciudad cercana, averiguar más de aquel ser por palabras de sus contrarios, hacerse amigo de todos los de aquel pueblo, alguien a quien quisieran tanto como para tratar de proteger. Y cuando estuvo todo listo, los engranajes comenzaron a girar.

Y, ahora, aquí estamos, en el final de todo, o quizá, en el principio. Un dragón muerto y un alma ha sido arrebatada del mismo. El pago está hecho y, con él, se puede formular un último deseo.

Quiero su vida

Y así se hizo. El pequeño abandonó su verdadero nombre para tomar el de aquel dragón, fue poseedor de sus riquezas, de su cueva y… de su cuerpo, incluyendo todas y cada una de las capacidades de un dragón más las adquiridas por medio de los deseos. Vamos a por la letra pequeña. Había adquirido una vida muerta.

Lo único bueno de todo aquello, fue la pérdida del dolor, o quizá… ni eso era bueno. Su piel se volvió dura e impenetrable, pero sus músculos se volvieron más frágiles. Adquirió la posibilidad de morir por un ataque al corazón, por suerte, reviviría a los tres días si el daño no era hecho por un Shinigami. Aunque lo haría en el mismo lugar donde acabara su cuerpo, tendría que soportar el hecho de haber muerto, con la consecuencia de haberse podrido con el tiempo y tener que regenerarse esa parte, además, si hubiese sido enterrado… Qué pena, tocaría escalar de nuevo a la superficie, más vale que no fuera claustrofóbico. Pero lo peor, sería lo referente a su memoria, perdería sus recuerdos, aunque no los recientes, pero si su intención era recadar información a lo largo de los años, podría ir olvidándose, porque a medida que el tiempo transcurriera, su memoria iría siendo carcomida, impidiéndole retener nada a largo plazo. Lo único que podría recordar con claridad, fueron esos diez años, desde el conocimiento de aquel genio y sus deseos, hasta como logró hacer su pago y consiguió su último deseo. ¡Y como dato extra! Cualquier daño que fuera tan grave como para causarle la muerte, lograría que su piel se volviera gris, sí, importa ya poco, pero la información fue dada en este orden.  

Bueno, al menos, no fue tan grave. Después de explicarle la letra pequeña, el genio ganó un alma y su libertad, y Kai, tenía su alma libre de cualquier deuda, un buen trato después de todo.  

Kai salió de aquella ciudad, ya nada lo anclaba a ella. Viajó por el mundo, aburriéndose y usando a otras personas, haciéndolas desdichadas, buscando su sufrimiento más que su dicha. El tiempo pasó, y a día de hoy, apenas recuerda mucho de aquellos viajes, solo que se lo pasó muy bien.

No recuerda el porqué, pero un día llegó a Kyuushu y decidió alojarse allí, abrió un pequeño negocio, más por entretenerse que por otra cosa, ya que, por algo es dueño de un tesoro que es capaz de pagarle todos sus caprichos, suficiente grande como para continuar siendo inmenso a pesar del tiempo que ha transcurrido desde entonces.



{E X T R A S}


• Gustos:
-Hacerle la vida imposible a la gente.

-La comida picante, sobre todo si se la da a gente que es débil a esta.

-Dormir.

-La sangre, le encanta, sin importar si es suya o de otra persona.

-La comida, es un comilón de cuidado, no es aconsejable invitarlo a comer si no se quiere acabar en quiebra.

-Las trampas, no le importa pillar a otros haciéndolas, pero seguramente esa persona acabe mal.


• Disgustos:

-La gente demasiado mimosa o melosa, no es broma cuando dice que acaba vomitando.

-Los Shinigamis, no es nada personal, pero prefiere evitar gente que pueda matarlo.

-Que le den las gracias, le resulta insoportable.

-Que sus planes salgan mal. ¡Maldita práctica, debería salir como en la teoría!

-Ser enterrado vivo, luego de varias veces, ya cansa.


• Hobbies y manías:



  • Hacer el mal, incluso tiene una base secreta debajo de su taller.




• Información extra:


  • Es inmortal, no muere por el paso del tiempo, pero puede morir definitivamente a manos de un Shinigami. O temporalmente |durante tres días, luego revive| si atraviesan su corazón –y no es un Shinigami, claro-.

  • Posee una gran regeneración, capaz de curar cualquier herida por muy grave que sea, aunque cuanto más problemática, más tardará en curar, además, de serlo suficiente, su piel se volverá negra.

  • No siente el dolor.

  • Debido a que no es un dragón de nacimiento y lo fue de la noche a la mañana, hay algunas capacidades de estos reptiles que no puede controlar. Por ejemplo, no puede convertirse en un dragón. Tampoco se le da muy bien escupir fuego y, normalmente, no puede controlar la incandescencia de su interior, así que, al respirar siempre está soltando una humareda gris y cuando se irrita, esta se vuelve más oscura hasta llegar a ser negra. Su piel es dura, pero a veces aparecen escamas por sobre esta. Es fuerte, pero como se sobrepase, se desgarrará los músculos y romperá los huesos. Puede sacar sus alas y cola, pero al salir desgarran su carne y piel, además, son capaces de romperle los huesos si  salen mal, además, no las da controlado bien. Así que, no es muy fan de andar pavoneándose con estas.

  • Es pasivo, pero suele gustarle andar penetrando a segundos con juguetes.  




♂Físico
• Nombre del Anime/Manga/Videojuego del que procede: D. Gray-Man
• Nombre real: Devitto
• Imagen:
Spoiler:


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Re: Kai Seyder

Mensaje por Marek Lundgren el Dom Mar 06, 2016 5:48 pm

Ficha aceptada

No se te olvide realizar todos los registros correspondientes.

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