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Until it breaks

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Until it breaks

Mensaje por Invitado el Vie Dic 18, 2015 7:22 am


— Apodo: El Gran Rey por sus habilidades deportivas. Luego, Tontokawa, Imbécilkawa y derivados son cortesía de su amigo de infancia.
— Nombre/Apellidos: Oikawa Tooru.
— Edad: Diecisiete años.
— Raza: Humano.
— Nacionalidad: Japonés.
— Fertilidad: No.
— Pet: No.
— Profesión: Estudiante.
— C.Sexual: Suke.


Descripciones


—D. Física:
No es en vano que muchos le reconozcan por ser un joven bastante atractivo, su apariencia evoca cierto encanto y revuelo especialmente entre las féminas. Su estatura no será abrumante pero sí es un punto a destacar al alcanzar el metro ochenta y cuatro, bastante decente y favorable para el deporte. En sí, podría decirse que el resto de su constitución corporal se rige por un principio atlético que ha sido desarrollado a base del ejercicio constante y riguroso. Las curvaturas de sus músculos están suavemente perfiladas y mantienen una proporción armoniosa, lo suficiente para no pasar desapercibidas de la vista ajena; se mantiene en forma y con un peso adecuado para su físico —siendo este alrededor de los setenta y dos kilogramos—. De piel no excesivamente nívea, de aspecto saludable, impecable y tersa al tacto a excepción de sus manos, estas últimas generalmente presentan más de alguna venda en los dígitos.

Es de cabello castaño claro y de tono achocolatado, bastante suave. Naturalmente se le forman ondas en las terminaciones de sus mechones, por lo que prefiere llevarlo siempre corto hasta el nivel de su nuca, dejándose un flequillo que recae en su frente y peina hacia la izquierda. El color de sus ocelos corresponde al mismo de su pelo y son adornados por gráciles pestañas. El rostro de Tooru presenta una estética casi impecable sin ninguna marca o imperfecto delatable. Sus pómulos resaltan ligeramente al igual que su quijada, dándole un aire varonil. La nariz se muestra fina, respingada y de un perfil inmejorable aunque arrugue inconscientemente el tabique al encontrarse molesto o hacer cualquier mueca. De cejas finas al igual que sus labios, estos últimos son rosáceos y enfundan más de una sonrisa juguetona o irreverente.

Por lo general se le verá con uniforme, sea este el de su preparatoria o del equipo de vóleibol, donde predominan los colores blanco y aqua, sumados a un par de tenis negros con detalles en azul. El resto del tiempo viste informal, con vaqueros simples y camisetas que bien contengan alguna frase ingeniosa o un diseño que le agrade. Hay que destacar que al jugar, en su rodilla derecha no ocupa de las rodilleras tradicionales sino que se coloca un soporte para rótula de color blanco, esto a causa de una lesión.

—D. Psicológica:
La postura erguida, elevada, de semblante invencible que no permite verle cabizbajo. Esa sonrisa altiva que comienza a perfilarse en sus labios irrumpe el silencio, quebranta la errónea quietud que hasta entonces se tenía de sus facciones. El andar es certero, seguro de sí mismo y nunca equívoco, pareciera ser capaz de desarmarte por completo si así lo desea. Pero, cuando entra en escena, es entonces que comprendes que su magnetismo atrapa a cualquiera, para bien o para mal. Que su sola presencia se roba el ambiente y el protagonismo que reclama como si fuese merecedor de este y hubiese nacido para ello. Los vítores le acompañan, el revuelo nunca cesa y en cambio le persigue. Podría jurarse que el mundo está al alcance de la palma de su mano. O eso es lo que hace creer.

Físicamente atractivo y de mente brillante. Un atleta integral. No tendrá la personalidad del siglo, pero posee buenas habilidades comunicativas.
Así es como los demás ven a Oikawa Tooru.

¿Pero qué es aquello que la superficialidad y el prejuicio no dejan entrever, que trasciende las opiniones ajenas?

La primera y por supuesto, la más fuerte de las opiniones, se da cual veredicto unánime y de ipso facto. No hace falta impartir un juicio demasiado profundo para concluir que Oikawa Tooru es alguien molesto, con todas las letras que esto implica.

Oh, esos son simples detalles…
En realidad no. Es imposible pasar desapercibidos esos pequeños dejes de una arrogancia casi pura e innata, mismos que en cuestión de un fugaz instante se ven transformados en auténticos despliegues de actitudes presuntuosas. ¿Pero qué hay de malo con tener un poco de confianza y estima propia? Nada, verdaderamente, salvo que hay ciertos límites y parámetros que indican hasta dónde yace la modestia y luego se pasa al tedio absoluto y él, por supuesto, los quebranta. Y si se pensaba que en algún punto podía retractarse de lo dicho, es mejor disipar esas vagas esperanzas desde un principio. Inflexivo, a veces se enfunda en la acidez de un sarcasmo o en la jactancia de sus propios méritos. No tiene reparo para exponer con total libertad las debilidades que detecta en los demás, es una de las tantas habilidades que ocupa dentro de la cancha de juego. Sabe reconocer la delgada, trémula y frágil línea de inflexión que necesita romper para desarmar no sólo a un individuo, sino que también a un equipo entero. Toma todas las oportunidades que se le presentan, les sujeta con marcado afiance hasta sacar todo el provecho existente y que le sea posible adquirir. Vanidad es aquello que le compone, le reviste de la maestría para emitir comentarios destinados al incordio ajeno. Innegable es su sagacidad, la agudeza en su persona al encontrar siempre un camino que le permita salir aireado y con el mentón en alto. El carácter insufrible que le rige hace pensar que, a lo mejor, tras tener una perspectiva suficiente hay dos únicos caminos: El amarlo u odiarlo. Aunque poco le importará la elección que tomes al respecto, lo dejará establecido en su indiferencia.

Pese a su trato de encantadora galantería con las mujeres y que pareciera surtirle efecto con la mayoría –sonriendo con la dulzura de ser incapaz de romper siquiera un plato–, su naturaleza recae más bien en la de un infantil joven, que de la genial y compuesta estrella juvenil que muchas de sus aficionadas prefieren ver. Ruidoso en excesos perjudiciales para mantener la paz externa, desconoce de los grados de recato o vergüenza cuando se propone armar un escándalo. Porque sí, su presencia es diga de hacerse notar, guste o no. Caprichoso y excesivamente persistente al extremo de resultar equiparable a un buen dolor de cabeza. Frunce los labios, hace un mohín con estos, resopla e infla sus mejillas, respinga y eleva la voz, entona melódico algún insulto enmascarado en un comentario al azar. Se desliga de las situaciones que considere aburridas o de los regaños encestando respuestas despreocupadas, sin seguir del todo la línea de la seriedad y tendiendo a la apatía. De orgullo terrible, creencias que andan por los cielos y un sinfín de insolencias que pueden ser descubiertas paulatinamente al igual que de un intenso golpe, semejante a una avalancha. Es aquí cuando se cuestiona, en verídica sinceridad y extraña preocupación, cómo ha sido posible para él ascender tanto y dirigir un equipo.

Que su personalidad no haga desestimar sus capacidades ni ponga en duda la posición que ostenta. Aún en un entrenamiento, sin la presión de un juego oficial recayendo encima de sus hombros, destaca por una sencilla razón:
Oikawa Tooru es, a fin de cuentas, lo que llamarías un líder.

Serio, centrado en el juego, un atleta que va y lo entrega todo, absolutamente todo. Alma, mente y cuerpo.

Estratégico, metódico, sin perder la calma ni la compostura aunque la adversidad intente vencerlo. La tensión no hace mella en su talante ni en sus nervios de acero. Aquella mirada de autosuficiencia ahora se muestra impasible, analítica e inescrutable. No tambalea, la aflicción no sacude sus músculos y al contrario, impulsa la adrenalina que bombea su torrente sanguíneo, que le hace ansiar la victoria y hacer el mejor desempeño por el bien de cada uno de sus compañeros, de esos valientes que se alzan junto a él y se mantienen en pie hasta el último aliento. El egoísmo no existe. Cada victoria es compartida, cada logro que consiguen no es gracias a él ni a lo extraordinario que puede ser, es gracias al esfuerzo que todos logran poner como una unidad, siempre será un "ganaremos" en lugar del "ganaré" tristemente egocéntrico. Considerado con todos y dedicado a brindarles su cien por ciento para obtener lo mismo. Saca a relucir las mejores destrezas de cada jugador, tanto así que es capaz de empujar y propulsar el mayor potencial de cualquier equipo.

¿Y cómo es que lo logra?

Oikawa Tooru sabe cómo conectar con cada persona, él entiende de las diferencias que moran en las capacidades del individuo no importando la posición en la que se juegue. No todos los rematadores golpean el balón con la misma intensidad si el pase es distinto, no todos los bloqueos son iguales, las posibilidades y alternativas dejan de ser remotas y pasan a ser infinitas. Él sabe cómo manejar los cambios, cómo barajear las jugadas y afectar el ambiente del juego para alimentar la perseverancia del resto. No duda en preguntar si sus pases han estado bien, se preocupa por el parecer de sus compañeros y se dispone a mejorar los aspectos que estos le remarquen. Constantemente felicita durante un partido los buenos servicios o cualquier otra ejecución, trata de levantar los ánimos a pesar de los errores y de mantener un positivismo siempre orientado al realismo de cada situación.

Desarrollar la técnica, romper los fallos del principiante y conseguir el nivel de experiencia actual no es nada más que el resultado de una práctica constante. Un trabajador firme e incansable que es severo y estricto consigo mismo, de rigurosos esquemas y horarios que cumple a diario sin falla. Entrena, entrena y entrena. Se esfuerza al máximo, no se detiene a contemplar lo que ha obtenido, busca enriquecer y a la vez aumentar el grado de sus aptitudes. Sin meditarlo se lanza al límite, llevará su cuerpo al extremo con tal de conseguir esa necia meta. Llámese obsesión o el delirio de la pasión hacia algo, puede ser inconsciente del daño que el sobre-esforzarse le infringe, cegado por esa inconformidad que roba la tranquilidad de su consciencia, pues no descansará hasta obtener los frutos de su desmedido afán. Mismo empuje que ya le ha pasado factura, esa lesión que presenta en una de sus rodillas muy probablemente no sea ni la primera como tampoco la última. Ahora la pregunta recae en qué es aquello que tanto le motiva, o bien, esa ancla que mantiene su polo a tierra, el pilar que le impide desmoronarse.

Porque al final, el mantenimiento de las apariencias es para distraer de la idea central, del ínfimo núcleo que resguarda su verdadero ser.
Oikawa Tooru es, a fin de cuentas, un humano más y como tal, comete los errores de uno, cuenta con los sentimientos de uno y también con la inseguridad de quien no es perfecto. Él no es un genio, no es un prodigio intachable y exonerado de falta, por mucho que su fachada pretenda lo contrario.

De toda la alegría que destilan sus comentarios, sus gestos o su remarcado aire infantil, sólo un reducido número es auténtico, un efímero espacio que refleja con transparencia sus emociones. Se atrevería a decir que son pocos los que saben leerle entre líneas y distinguir lo que se esconde detrás de sus cuidadas actuaciones.

Un océano desconocido se abre a su paso, es el cauce de una confianza de inestable caudal y potencia, donde las sensaciones se entremezclan, nublan la mente y escocen bajo la piel. El ahogo de los auténticos temores requiere de un esfuerzo que no es inagotable, no es posible mantener el teatro como algo eterno. Esa lucha persistente por mejorar no es más que una lucha contra sus propios fantasmas y la huella que la inseguridad de reconocer la existencia de superiores deja en su ser. Dar y dar, ¿con qué objetivo cuando se pierde lo que nunca retornará? ¿De qué sirve intentar alcanza la cima cuando ni siquiera es distinguible el color del firmamento? Cuando es difícil recobrar el ritmo pausado de la respiración, cuando el llanto provocado por la rabia y la tristeza dificulta la vista, el cuerpo se vuelve laxo y simplemente se derriba, es cuando más necesita de un apoyo, aunque no lo exteriorice. El fuego ya ha sido disipado pero todavía quema. Puede volcar la frustración en un motivo para seguir adelante, claro, mas ello no implica que el dolor provocado desaparezca.

Y a pesar de todo, vuelve a afianzar todo su ímpetu a esa esperanza ligera, quizá frágil, mostrando una fuerza que ciertamente, nunca parará. Al menos, no todavía.

— Historia:
They told me to pour my heart into everything I do

De familia estable y cálido hogar. Padres responsables, cariñosos, y una hermana mayor con quien a veces discutía pero que terminaban reconciliándose tarde o temprano. Vivían en la zona tranquila y tradicional de una de las tantas prefecturas de Japón, de veranos animados y un acogedor otoño. Sus padres eran conocidos de otra familia que vivía no muy lejos, y al tener aquellos un niño de su misma edad fue natural que se estableciera una amistad entre ambos que perduraría hasta el día de hoy. Un vínculo que empezaría a partir de infantiles juegos, del ¡corre, que el suelo es lava! y semejantes, hasta acrecentarse y volverse algo inquebrantable. Su familia y su amigo son esos pilares con los que Tooru ha contado desde temprana edad, unos que jamás le han fallado.

So that's what I did, I poured

Gracioso, un poco quejica y revoltoso pero de rápido aprendizaje, así le describieron sus maestros en los primeros años de escuela. Pasó a ser el chiquillo no tan bueno en conducta aunque de excelentes calificaciones y la vida se mantuvo así, estable en las alegrías, los nuevos descubrimientos y diversos momentos que colman su mente de gratas memorias, unas que gustaría poder revivir si pudiera viajar en el tiempo. No se arrepiente de nada en aquella época donde las risas abundaban, sobre todo, de la primera vez que conocería lo que luego le daría un gran empujón más a su vida, el vóleibol. Desde que vería un partido por la televisión, quedaría prendido al punto de arrastrar consigo a su amigo en este deporte. Y por mucho que el otro se riese cada vez que la pelota no salía como quisiera y fuera a estrellarse en su propia cara, insistía tanto en seguir practicando que fue inevitable que se uniese con el tiempo al respectivo club en la secundaria. Lo que surgió en la insolencia del capricho evolucionaría a un aspecto más dedicado, a horas más serias de entrenamiento y la participación en las competencias. Comenzó a ganar la técnica que le faltaba y notoriedad en la cancha.

And poured, and poured...

Celebra las victorias, aprende de las derrotas... No es tan fácil hacerlo como decirlo.
Pero aprendió, en efecto.

A los quince, tomaría una decisión que también cambiaría su rumbo. Una de las razones que influenció a sus padres para dejarle ir a Kyuushu era que su hermana ya llevaba tiempo establecida en la isla y podía acogerlo de ser necesario. Inicialmente, el motivo de la mudanza no era otro más que la elección de una buena preparatoria en la que continuar sus estudios y el deporte, aunque pronto, otras causas fueron saliendo a la luz.

Y ya hoy, estando a escasos pasos de las puertas de la universidad, se debate en ese futuro que paulatinamente le acecha y va acercándose. Entre el sinsabor del fracaso, el regocijo de lo ganado, y de los cambios irreversibles que deberá afrontar, ¿qué podrá depararle? Ni siquiera él se aventuraría a decirlo.

Now they ask me —why I'm so empty?



Extras

— Gustos:
— Ejercitarse y hacer deporte. El vóleibol ha sido desde pequeño su pasión, la posición en la que juega es la de setter (colocador/armador), misma que le llevó en su tercer año de secundaria a ganar el 'Premio al mejor Setter'. Actualmente es el capitán del equipo de su escuela.
— Tomar fotografías.
— El pan de leche japonés. Es su comida favorita.
— También se decanta por los dulces y la mayoría de platillos típicos de Japón.
— Los ovnis y todo asunto relacionado a los dichosos "grises", por extraño que suene, desde documentales, mercancía y otras tonterías. La saga de Star Wars es su placer culposo.
— Mascotas; animales, no androides, aunque no descarte la curiosidad que estos le generan. Prefiere más los perros a los gatos.
— Ver las estrellas. Sí, tan solo mirarlas por la noche en un descampado. Contarlas, crear formas imaginarias al unirlas... Dejar que el abrumador pensamiento de la inmensidad del espacio le acoja y así, despeje su mente de cualquier preocupación.
— Pasar tiempo de calidad con sus amistades, y molestarles. ¿Por qué no?

— Disgustos:
— Gente considerada como prodigios, es decir, genios natos. Le irritan, o más bien, aumentan su sentimiento de inferioridad.
— El frío excesivo. No es bueno soportándolo, además que su rostro se enrojece con bastante rapidez. En invierno debe ataviarse con varios abrigos y bufandas.
— Que le ignoren es inaceptable para él.
— Pasar mucho tiempo solo le desespera y aburre.
— Hacer los quehaceres domésticos.

— Hobbies y manías:
— Quedarse sin dormir viendo las grabaciones de los partidos de un equipo contrario. Analiza sus jugadas antes de enfrentarlos.
— Sacar la lengua mientras sonríe y cierra un ojo, o hacer el símbolo de "paz" —formando una "v" con el índice y el dedo corazón—.
— Llamar a las personas por apodos o diminutivos del nombre, agregando siempre el sufijo chan.
— A veces se despierta a mitad de la noche y no concilia el descanso hasta más tarde, así que mata el tiempo bombardeando con mensajes el móvil de cualquier pobre alma que al igual que él, se encuentre despierto —o no— a tan altas horas de la noche.
— Envolverse por completo en un edredón cuando hace frío, y deambular por las mañanas con este encima.

— Información extra:
— Su especialidad son los servicios o saques en salto, de gran potencia y envidiable control. De no ser refrenado, saca bastantes puntos de ventaja con cada ronda.
— Al despertar, su cabello es un auténtico desastre.
— Sufre de miopía y ocupa lentes de contacto. Ocasionalmente se le podrá ver con unos lentes de aro negro.
— Es inhumanamente fotogénico.
— Es un completo inútil en la cocina.
— Su signo correspondiente al horóscopo es Cáncer. Cumple años el 20 de julio.
— Tiene un sobrino llamado Takeru, lo cuida y lo lleva a clases de vóleibol especialmente los lunes, que es su día de descanso del club.


Físico

— Nombre del Anime/Manga/Videojuego del que procede: Haikyu!!
— Nombre real: Oikawa Tooru.
— Imagen:
Spoiler:



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Re: Until it breaks

Mensaje por Marek Lundgren el Dom Dic 20, 2015 11:12 pm

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