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— Deseo ser feliz.

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— Deseo ser feliz.

Mensaje por Ganímedes el Miér Mayo 20, 2015 6:47 pm


_ Ganímides eres el primero de tu especie, toda una obra de arte y quiero que eso lo entiendas antes de cualquier otra cosas ¿Lo comprendes? _


Las ambarinas orbes del ángel se perdieron en el paisaje nocturno que daban los bajos barrios de Kyuushu, miró a varias personas que caminaron a un distancia prudente de él, ninguno se atrevió siquiera a mirarle. El ángel llevaba una enorme chamarra como principal ropaje, desgastada y sucia, la ropa bajo esta era blanca, ligeramente formal pero a su vez juvenil; sólo que por los días de uso que llevaban ya estaban cubiertas por manchas; la capucha de aquella sudadera estaba cubriendo la mayor parte de su cabeza y rostro, y apenas dejaba sus ojos a la vista de vez en cuando ya que se formaba una muy conveniente sombra. Era obvio que los demás pensaran que Ganímedes era un vago más.

Kana… — Sus ojos se inundaron de leves lagrimas pero se había cansado de llorar hacia bastante tiempo, ¿Cuánto? No tenía una idea exacta del tiempo que ya había transcurrido. ¿Un año? ¿Cuatro años? ¿Diez? Simplemente había dejado de sentirse vivo, no moría porque tenía la fortuna de ser un mitad pet, pero era claro que sus condiciones no eran las mejores; necesitaba alimento y un aseo, para empezar. Al principio había querido ir a ver a Barnaby, su “padre”, pero esa idea fue descartada de inmediato cuando se recordó a sí mismo que sería reiniciado; definitivamente no quería perder lo único que le quedaba de su ex amo. Además de ello, tampoco estaba en sus planes el volver a ser vendido como un juguete; ahora uno usado. ¡Vaya! En verdad que se sentía ofendido de sólo pensarlo.

Luego de descartar la idea de ir a ver a Barnaby, sirvió durante un tiempo en un bar; la verdad es que se le daba bastante bien y aunque no era demasiado la paga le alcanzaba a vivir. Pero luego de que un cazador apareciera en el sitio y lo golpeara, además de romper algunos objetos en el enfrentamiento desigual, el dueño de dicho lugar le ayudo a fugarse; con la clara condición de que no quería volver a verlo por ahí. De volver al bar entonces él mismo lo iba a entregar, era obvio que un Pet de su tipo valía mucho menos de lo que su amado negocio lo hacía. Así que se fue agradeciendo el que le hubiera dado asilo durante un tiempo.

Y ahora estaba ahí, recargado en una de las paredes de una fachada bastante desgastada; no tenía frío por el clima ligeramente templado, su mirada dejo de estar en aquel paisaje para pasar hacia sus manos que jugaban un tanto torpe sobre aquella tela de su ropa, perdiéndose de inmediato en el anillo de oro blanco que había en su dedo anular; el único objeto que había logrado conservar de Kana.
Respiro hondamente, habiendo perdido la noción exacta del tiempo también medido en minutos y horas, eso le pasaba muy seguido últimamente por ello fue que no se asustó realmente de ver que pronto el Sol estaba ya perdiéndose detrás de los edificios. Se encamino sin una idea en específica de lo que sería entonces su rumbo o siquiera su destino, simplemente dejándose llevar por lo único que era en ese momento su deseo, caminar. Aunque sus pies dolieran, provocando en ello que los pasos que daba fueran cada vez más lentos y sin despegarse realmente del piso, no se iba a detener de ninguna manera; realmente pensó que tal vez su larga caminata le llevaría al otro lado de la isla, al parecer no tuvo en cuenta su estado de agotamiento físico.

Fue de pronto, como si Dios se hubiera compadecido de su persona, que entre tantos lugares que no llamaron para nada su atención; sus orbes ambarinas se quedaron atentas a aquella fachada que realmente no lograba recordar de tiempo atrás en los que había andado con Kana en el parque. Ridículo pero cierto fue que sintió como si ese edificio le llamara, las luces internas estaban apagadas así que concluyo que no quedaría ya nadie. Sin embargo, había apenas unas luces externas que con algo de dificultad iluminaban el enorme anuncio que poseía el nombre de aquel local. — The coffee house… — Susurro para sí mismo memorizando de inmediato como un dato importante, por lo que podía comprender, ese era un sitio de comida. Se dirigió a uno de los costados del edificio, ahora ya sabiendo que es lo que quería hallar. — Ahí. — Se inclinó sobre el enorme contenedor de basura que había, y que supo de inmediato que estaba aún lleno de restos de la comida que se habría tirado ese día y aun no era recogida por el recolector; al menos eso era lo que quería hacer ilusión de que encontraría.

En dicha acción, tan concentrada de su parte, el ruido que hizo el contenedor al ser abierto no pudo ser menos y luego, como si un perro estuviera husmeando, sus manos provocaron el sonar de varias bolsas de plástico y demás cosas dentro de dicho basurero. Dicho ruido no era para menos, el silencio de la noche estaba logrando que aumentara. Su delgado cuerpo pudo sacar, después de luchar bastante debido a su poca fuerza, una bolsa que según había logrado ver por una cortada que hizo tenía algo de restos de comida que no se habían acabado. Denigrante, pero no importó, al final lo comería.
Se sentó en el piso recargando su espalda en el frío metal de ese basurero para disponerse a comer sin pena alguna lo que había “cazado” y ahora atesoraba en demasía. Sus manos se ensuciaron cuando tomó una rebanada de tarta de manzana, tal vez el anterior dueño era un anoréxico porque dicha pieza estaba casi completa, sin más mordió reconfortándose del sabor que le ataco las papilas gustativas. Volvió su atención al costado del local donde se hallaba. ¿Debería de acomodar lo que había tirado? Miro a su alrededor y había hecho un completo desastre en ese callejón.

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Re: — Deseo ser feliz.

Mensaje por Kougami Shinya el Dom Jun 14, 2015 3:30 pm

El dolor en su espalda era punzante y constante, realmente era doloroso estar tras la barra moviéndose de allí para acá en busca de ingredientes, agachándose para sacar de las gavetas agitadores, servilletas y sobres de azúcar. Pero no se quejaba porque eso era su culpa, mientras bajaba algunas cajas no escuchó cuando fue advertido sobre el piso húmedo y como era obvio trastabilló golpeándose la espalda, las   cadera y la cabeza. Le resultaba incómodo estar de pie, pero no tardaría en pasar aquel malestar, tal vez se trataba de la herencia de su madre, pero las contusiones y dolores no duraban demasiado tiempo  en su organismo, así mismo sucedía con las enfermedades, aunque eso no se había presentado igual con su oído tal vez porque el daño resultó masivo en ese entonces, tampoco se cuestionaba eso demasiado, perder la audición no había sido un precio tan elevado  y eso lo repitió tantas veces como notó a su madre acongojada. En ese momento formaba un conejo con crema, la extendió a una pequeña niña que le enseñó una amplia sonrisa como respuesta ante la imagen infantil de un conejo, la madre de la muchacha observó atenta la taza que su hija sostenía con firmeza entre sus manos—. Gracias —musitó inclinando un poco su cabeza en señal de agradecimiento.

El movimiento en el café aquel día estaba llegando a su fin, durante toda la jornada estuvo satisfecho al notar que con cada día que pasaba nuevos clientes llegaban a ese lugar, cara que nunca había visto antes, personas que se iban despidiéndose de ellos con una sonrisa y una promesa que aseguraba que regresarían en otra oportunidad.El negocio crecía, así como su personal, la mayoría de ellos, pet; fugados y un par de ellos desechados por los humanos que habían asegurado en alguna oportunidad amarlos. El conocerlos no había sido sencillo, su dermatitis nerviosa se presentaba cada vez que notaba que alguno ellos estaba demasiado próximo,  secuelas de el engaño, hace ya un par de años que él mismo había tenido un pet, cuando  era aún un detective novato, Akane era el nombre de la pet que le acompañó, realmente se había maravillado con la vida artificial que nunca le pareció irreal, aunque se confió demasiado de la dicha “lealtad” su experiencia resultó ser un verdadero desastre y aunque querría lamentar esa parte de su pasado no lo hacía, no podía simplemente porque por su parte todo había sido verdadero.

Kai, recuerda que mañana debes abrir tú el café —le recordó a un pelinegro que asintió esbozando una sonrisa amplia, el primer pet que había aceptado su oferta cuando lo encontró vagando por las calles, revisando la basura y bebiendo de las insalubres fuentes públicas, Kai en ese entonces pesaba menos de la mitad que en la actualidad, llevaba el pelo largo y enmarañado, ante su sugerencia de cortarlo porque era imposible poder desenredarlo debido a la mugre y ciertas sustancias que los sellaban como un cemento; el joven lloró por minutos. El pelo de los pet no crecía por si solo y para Kai tenía gran importancia. En ese momento cedió ante aquel  llanto y aunque tardó horas en el proceso, pudo salvar la cabellera ajena, sin embargo el precio por ello fue una fuerte reacción alérgica que cubrió sus brazos y cuello. Kai era inteligente y no tardó  en saber porque tenía la piel con aquel aspecto doloroso “No eres una excusa para curarme, no podría simplemente usar a otros por eso” algo como eso habían sido sus palabras, Kai lo comprendió, y aceptó  el trabajar allí, el ser alguien que quizás podría ayudarle a superar lentamente su ansiedad, y así fue, casi dos años llevaba el pelinegro evitando que Shinya sufriera un colapso cada vez que encontraban a un nuevo pet, porque era él quien los trataba directamente y gracias a su presencia el ex detective no se veía atacado por episodios fuertes de alergia, porque de alguna manera su mente se la había ingeniado para soportar hasta un radio de dos metros a sus empleados, y eso era un avance ¡Claro que sí!

¡Está todo listo, Shinya-san! —Exclamó un rubio mientras se quitaba el mandil de trabajo—. ¡Me dieron buenas propinas! Podré comprarme más de un juego este mes —habló con un castaño mientras caminaban hacia la puerta de salida a un costado del local ya que el frente había sido cerrado—. ¡Hasta mañana! —se despidió Leonard; el chico de baja estatura cuyos cabellos descoloridos solían resaltar, el castaño hizo una reverencia mientras seguía a una distancia prudente a su compañeros, ese par se había independizado muy pronto ya que anhelaban un lugar propio, habían dado el dinero suficiente y Shinya se ofreció como voluntario para adquirir la propiedad, ninguno de ellos podían porque no poseían papeles de identidad. En total eran ocho pets los que trabajaban allí y cuatro los que vivían en la segunda planta, el edificio consistía en tres pisos bastante amplios, el primero era la cafetería propiamente tal, el segundo que contaba con cinco habitaciones, un baño y una sala de estar; era el lugar donde los pets vivían, cada uno con su propia habitación, en cuanto al tercer piso, contaba con lo mismo que el segundo aunque dos de las habitaciones eran usadas como bodega, incluso una estaba refrigerada.

Alzó la mirada al ver que se quedaba solo en la primera planta, se sentó en uno de los taburetes cercanos a la barra, debía llenar aquella hoja con las observaciones e impresiones para su terapeuta, tenía cita con él por la mañana y era necesario que presentase todo eso para que el otro evaluara su avance o retroceso, aunque de que no sería el caso. Estaba inmerso en esa tarea cuando el sonido metálico del contenedor  de basura en el callejón le hizo rallar parte de la hoja—. ¿Qué…? —Soltó un suspiro pensando que quizás se trataba de un perro, aunque pronto descartó esa posibilidad, recordaba el haber dejado cerrado y asegurado el contenedor, caminó hasta las escaleras para encender la luz cuando la presencia de Kai le sorprendió, éste hizo un gesto con su boca y dedos para que permaneciera en silencio, así hizo cuando abrió aquella puerta, tanto Kai como él quedaron sorprendidos al ver a una persona comiendo de la comida que había sido arrojada a la basura.

¡Oh! Pobre… —comentó Kai aproximándose hasta el extraño, Shinya analizó aquella situación, por lo visto se trataba de un mendigo, aunque algo le parecía fuera de sitio, caminó aunque no tardó en notar que la piel de su cuello ardía, estornudó un par de veces por lo que se vio obligado a apartarse rápido—. Un pet… ¿Por qué no pasas? Puedes darte un baño y Shinya-san te preparará una sopa de vegetales y queso ¿Te gustaría? Mi nombre es Kai —Se presentó intentando ocultar el paso hacia la salida del callejón, le afectaba bastante ver a otros pets sufrir lo mismo que  él un día y por ello se esforzaba en brindarles todo su apoyo en el momento indicado—. ¿Shinya-san? —se giró para observar a su jefe el que sólo asintió—. Vamos, entra —habló dirigiendo su mirada al desconocido, aquellas palabras no habían sido una sugerencia, una orden clara y lo bastante audible para que no se hiciera el desentendido—. Haré una sopa para ti y podrás comer pastel de manzana que no esté sucio —ingresó de regreso en el local cuando se topó con Chihiro, un joven un poco más alto que él—. ¿Qué pasó? —Preguntó con su acostumbrada voz grave—. Kai intenta convencer a un pet que entre, estaba comiendo de la basura —comentó pasando por su lado para ir al baño de empleados que estaba  en la cocina.

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Re: — Deseo ser feliz.

Mensaje por Ganímedes el Vie Ago 14, 2015 8:38 pm


El ángel se quedó estático frente las personas que salían del local, en reacción sus brazos pasaron a aferrarse a la bolsa de basura que antes había sacado temiendo que le fuera arrebatada. Sus ojos pasaron de fijarse de uno de ellos al otro, realmente no parecía que los estaba escuchando en un inicio. Se centró en el rostro del hombre que aunque pareció interesado en ir a él de inmediato se retiró, y arqueó una ceja por el par de estornudos que soltó; sabía que debía de oler mal pero no era como para que hiciera como que era tóxico, aunque esto le causo algo de gracia internamente no estaba con ganas de reír ni de sonreír. Es más, ni siquiera tenía deseos hablar; Ganímedes estaba cansado de todo, tanto física como emocionalmente y realmente se pensó el si debía de responder; de hecho, fue como si su sistema hubiera detectado la presencia de otro pet y por tanto se mostró un poco receloso con el joven que se presentó como Kai.

No era que hubiera tenido una mala experiencia alguna vez en torno a un pet, simplemente su sistema le dictaminaba que no se llevará muy bien con los mismos de su “familia”; quizás era porque inconscientemente los identificaba como problemáticos para él. Como competidores. Es decir, si un amo quería adoptar a un pet y se viera él entre las posibles elecciones para el amo, sin duda querría ganar. Sería como su modo de supervivencia ¿no? Pero el ángel no era muy conocedor de esto, aunque él lo denominara de tal modo no estaba seguro así que sólo era una suposición quizás algo tonta e infundada. La cuestión es que, Ganímedes, no lograba, ni había logrado en el pasado, llevarse bien con alguno de sus “hermanos”. — Ganímedes… — Pero al final no vio problema alguno en soltar su nombre, si había algo que había comprendido a pesar de que no amoldaba a una buena convivencia con sus “hermanos” es que los pets en su mayoría se veían impulsados a protegerse los unos a otros y más cuando estos estaban solos, como él. O tal vez quería hacerse esa idea para sentirse un poco menos desconfiado de la situación.

Y aunque hubiese querido irse, simplemente huir y alejarse de todo eso, la orden que dio el hombre llamado “Shinya” por el otro pet le hizo sentir intrigado. No lo había pedido amablemente, aunque el ángel no necesitaba que le dirigieran palabras amables en ese momento, o no le importaban realmente, sería por dicho agotamiento emocional que cargaba pero simplemente se dejó mandar. Se levantó con cuidado del piso, no mirándoles en ese instante en que prefirió concentrarse en una sola cosa, recoger la basura que había tirado. Aunque Kai insistió en que esto no era necesario, el simple hecho de sentir que lo decía por el aspecto que se cargaba, tal vez por sentir que lo decía con lastima a su persona o porque en verdad no le gustaba el dejar las cosas fuera de su lugar, muy testarudamente busco el acomodar de nuevo las bolsas dentro del contenedor. Sin embargo, miro de reojo a Kai. — No tardaré… sólo lo dejaré como antes. — Su tono de voz sonó suave, baja y apenas un poco cortada como si por poco hubiera olvidado como hablar. No era esto realmente, lo que sucedía es que se había desacostumbrado a tener una charla con alguien.

Ya que el albino parecía muy decidido en tal cuestión, Kai asintió a sus palabras y se mantuvo en silencio para solamente observar sus acciones. En la entrada, con algo de curiosidad Chihiro estaba observándolos queriendo examinar a aquel nuevo que había llegado. El sonido metálico de la tapa del contenedor cerrándose fue lo que indico que podían seguir a Shinya dentro, pero aún tuvo que dudar si debía de entrar; ingresar de buenas a primeras a un sitio llenó de desconocidos no sonaba como algo que hubiera aprobado Kana. Así que tardaron varios minutos, empero Kai estaba siendo paciente con él, tenía demasiada empatía y comprendía que el pet albino tuviera sus propias razones para desconfiar por tanto no le presiono en ninguna forma.

Ganímedes se detuvo una vez que había logrado ingresar con los otros dos pets detrás de él, y quienes se habían encargado de cerrar la puerta. La única persona que a su ver era un amo, no era otro que el hombre que había estornudado antes; sabía que no era demasiado listo pero si se ponía a unir las cosas aquel local de ambiente cálido y aspecto agradable podría considerarse un refugió para pets. ¿Pero podría confiar en que Shinya no le fuera a entregar como su antiguo jefe? Definitivamente, en principio no.

Muchas gracias por recibirme… — Se aferró a lo único que portaba de su amo, el único recuerdo material que había logrado conservar y que no quería perder; aunque admitía que era tonto aferrarse a un objeto así. Kana le había enseñado a ser agradecido, a ser amable aunque no se sintiera del todo bien para estar en completa confianza; su voz aunque sonó de nuevo con ese tono suave de alguien que ha estado aislado por mucho tiempo también enmarco una sinceridad bastante obvia. No cualquiera le daría de comer o le metía en su local con el aspecto que se cargaba.
Kai lo condujo a una mesa donde bajo las dos sillas que había sobre ella para ofrecerle asiento al verle tan cansando, luego de haber hecho una reverencia con un único movimiento de su cabeza, el albino tomó asiento en ese lugar. Descubriendo finalmente su rostro y su cabeza, donde sus cabellos albinos yacían alborotados, evidentemente sin peinar. — Perdone… — Fijo su mirada sobre Kai. — No tengo dinero… ¿Podría pagarle de otra manera? Trabajando. — Confesó temiendo una negativa, y quizás era una duda tonta dada su condición pero era mejor asegurarse de esto antes de emocionarse con un aparente favor.

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Re: — Deseo ser feliz.

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